Cansada de ser feliz

Bienvenidos a mi flujo de conciencia

El destino

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Tarea: convertir el cómic a un relato.

El señor Felipe vivía solo en su habitación pequeña en el centro de una ciudad grande. Como él trabajaba en un laboratorio dónde realizaban las pruebas de las máquinas diferentes, todo su trabajo se reducía a buscar errores de los demás. La vida le parecía aburrida y monótona, y un día Felipe decidió suicidarse. Él navegó por todo Internet buscando las formas de darse de baja. Primero pensó en ahogarse, pero desde la infancia odiaba el sentido de cómo el agua se mete en su nariz. Luego a Felipe se le ocurrió que sería mejor lanzarse de un edificio suficientemente alto. Pero ese escenario tampoco le convenía: no le gustaba la idea de que se reuniría mucha gente para mirar ese espectáculo y nuestro protagonista no quería la publicidad. Después de pensar un poco Felipe se acordó que se podría cortar las venas en las muñecas. Pero en el mismo momento rechazó esa opción que se veía demasiado histérica y un hombre tan serio como nuestro Felipe no quería parecer a una muchacha adolescente. “¿Cuál sería la forma más apropiada?” – pensaba él. – “¿Puede se ahorcarse?.. ¡No! Sería demasiado demorado… y ¿qué haría si no se rompiera mi cuello?”

¿Qué entonces? ¿Saltarse frente de un tren? ¿Autoquemarse? ¿Harakiri? ¿Dejar de comer y esperar la muerte por hambre o deshidratación?

Al final Felipe decidió pegarse un tiro. Él compró una pistola , se puso en el centro de la habitación y arrimó el arma en su sien. Se preguntó: “¿Cerré el gas?” Claro, si no le había cerrado, se podría ocurrir una explosión. Después de asegurarse que la llave del gas estuvo bien cerrada, otro pensamiento llegó a la cabeza de Felipe: si habría regado las plantas; después vino la otra: “¿Cargué la pistola?” Pero Felipe estuvo tan agotado con todos estos pensamientos que ésta vez no escuchó a la voz del raciocinio y disparó.

Su pistola erró el tiro. Se impuso el silencio y una idea aterrizó a los mientes de Felipe. ¿Cómo algo tan sencillo no le ocurrió antes? ¡Un veneno! Felipe se emocionó mucho. De nuevo de dirigió a Internet para averiguar el recetario de la ponzoña, anotó el listado de ingredientes y muy feliz se fue al supermercado. Pero todavía no sabía que por allá lo estaba esperando su destino.

El destino llegó con la encarnación del muchacho Carlos que trabajaba en ese supermercado como marcador de precios de la mercancía. Cada día andaba con su máquina por los pasillos y entre los estantes pegando los papelitos. A Carlos le gustaba mucho su trabajo: él pudo siempre estar con personas – clientes del supermercado – y mirar a las mujeres. Precisamente con esto estaba ocupado cuando pegó un papelito con el precio en la espalda de nuestro Felipe, que estaba tan entusiasmado con sus compras que no se dio cuenta. Así, gracias a Carlos, Sara, la mujer solterona con 30 gatos en su apartamento, se fijó en Felipe. El precio le convino y la calidad del articulo también, y después de seguirlo por un rato, Sara decidió invertir su dinero en éste hombre. Lo cogió y lo llevó al la caja.

De ésta manera Sara encontró al hombre que buscaba por años y Felipe la forma más lenta y dolorosa del suicidio.

Por qué me fascinan las montañas

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Desde que era pequeña me fascinaban las montañas. Primero las miraba sólo en las fotos y me parecían ilusorias, como algo de un mundo de cuentos.

En parte por eso en el colegio me gustaba la geografía. En las clases nos daban los croquis y tuvimos que dibujar con colores las cadenas montañosas del mundo. Me encantaba dibujar en el mapa blanco, que tenía sólo los contornos de los continentes, dibujar los relieves con el color marrón (saludos a Javiercito-cafecito) y los picos cubiertos de nieve con el blanco, y después con el verde y amarillo indicar los valles y desiertos.

En el libro de historia natural tuvimos unos dibujos de los pueblos pequeños dispuestos en la montaña. Esas casitas se perecían a unos juguetes. Y realmente eran así. Unas clases después nos contaron sobre los volcanes y así conocimos la fuerza encubierta que está por dentro de unas montañas.

Cuando tuve 19 años, por primera vez me enfrenté con las montañas reales, y no defraudaron mis expectativas – eran fantásticas. Estuve en el sur de Rusia al lado del mar Negro. La cordillera se llama caucásea. No es tan grande, pero es muy bonita: está cubierta con los bosques de coníferos y entrelazada con ríos y senderos pequeños, y el olor a pino les agrega la frescura. Me quedé muy impresionada…

Pero realmente entablé conocimiento con las montañas hace unos años en Colombia. Cuando por primera vez llegué a Bogotá, me asombraron tremendamente, y debidamente sentí toda su imponencia. Sentí escalofríos en la espalda cuando me puse a imaginar por cuántos siglos han estado par acá esos gigantes que nacieron desde las entraños de la Tierra. Eran testigos de tantos eventos y cambios. Unas con el tiempo se volvieron inaccesibles debido a roca y peñas escarpadas. Otros son más hospitalarias, invadidas con árboles y matas, y desde lejos se ven afelpadas, como cubiertas con lana verde. Pero a todas les une que nos recuerdan la paciencia y longanimidad. Nos hacen acordarnos que somos sólo unas hormigas pequeñas inexpertas.

Para mi mirar a las montañas es equiparable a contemplar al cielo estelado y ya no imagino mi vida sin ellas.

Piotr I

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En el año 1700 los suecos empezaron la Gran Guerra del Norte contra Rusia. Después de las primeras victorias de Piotr I le nombraron como Emperador…

Piotr fue el decimocuarto hijo del zar Alexey. Él tenía sólo cuatro años cuando su padre se murió. A su mamá y al pequeño Piotr los llevaron a la residencia Preobrazhenskoe al lado del Kremlin. Éste lugar iba a definir las inclinaciones de Piotr: primero, porque por allá está el río Yauza, y segundo, porque cerca estaba el Cuartel Alemán, que lo influyó mucho. A Piotr le enseñaron aritmética y geometría en holandés, y escribiendo cartas, le gustaba agregar unas palabras en alemán. Con la gente que Piotr encontró en el Cuartel él creó su “ejercito de diversión“. Así jugaba casi por 12 años, pero cuando Yauza ya empezó a ser demasiado pequeño para sus “batallas”, él trasladó su flotilla al lago Pereyaslávl.

Cuando Piotr empezó a gobernar el país, sus primeras campañas militares fueron hacia Azov. Tuvo prisa de medir las fuerzas con el Imperio Otomano. En el sur no habían fronteras exactas con la Turquía. Los turcos estaban en Crimea y en el Cáucaso y a veces iban hasta Tula para robar y llevar a los rusos a Estambul como esclavos.

El primer ataque a la fortaleza de Azov no tuvo éxito, pero Piotr no perdió la fuerza moral. Él se dio cuenta que sin la armada no era posible sitiar el fuerte en el mar de Azov. Entonces empezó a elevar la flotilla y después de un año realizó la segunda campaña, que termonó con la derrota de los turcos.

Pero Rusia no pudo estar sola en la guerra con Turquía, entonces Piotr tuvo que realizar la Gran Embajada a Europa para buscar a los aliados. El plan era como en las películas de espionaje: atisbar las tecnologías que usaban, aprender y contratar a los mercenarios. Piotr también fue a Europa, pero no como zar, sino tomando aspecto de un carpintero, para que nadie lo reconociera. Primero él fue a Königsberg donde obtuvo la profesión de artillero. Luego Piotr se dirigió a Holanda, que era en esa época una gran potencia marítima.

Decían que después de ese viaje Piotr cambió mucho: cuando regresó tuvo mucha intolerancia a las costumbres rusas. Lo primero que ordenó era cortar las barbas de los boyardos.

Como Rusia en esos tiempos no tenía su bandera, Piotr estableció la bandera rusa, tomando los colores de la bandera holandesa, que era raro, porque normalmente sólo los países muy cercanos tenían banderas parecidas, pero a Piotr no le importaba la opinión de los demás.

En Zandaam), la ciudad donde Piotr vivió por bastante tiempo, le hicieron un ramo de su altura – 2, 04 m. Por allá el dormía sentado en un armario (así eran los costumbres). Ahora, en su casa establecieron un museo y pusieron el fragmento del poema de Vasili Zhukovski: “…aquí está la cuna del Imperio tuyo, aquí nació la Gran Rusia.”

Cuando Piotr volvió a Rusia, Suecia ya empezó la guerra, que terminó luego con la derrota de Rusia. Piotr ordenó refundir las campanas de las iglesias para hacer los cañones. Con la segunda prueba él por fin obtuvo la victoria, y en 1720 entre Rusia y Suecia se hizo la paz (de la guerra que duró 20 años). Desde ese momento Rusia se nombró como el Imperio Ruso.

Tienda Rusa en Holanda

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Cuando por primera vez escuché que había una tienda rusa en Amsterdam me emocioné muchísimo. Sólo pensar que podría ver a mis compatriotas, ver los productos que me acostumbré a comer en Rusia, hablar en ruso me puso muy ansiosa.

Tengo vergüenza de confesarlo, pero me di cuenta de lo mucho que los costumbres afectan a mi vida, y que tengo tantas costumbres relacionadas con la comida. Creo que es porque la comida es algo muy integrado en nuestra vida. Puede ser que uno no se fije tanto en lo que come día a día, pero subconsientemente la comida hace parte de nuestra percepción del ambiente en que vivimos.

Puede ser que por eso cuando vi el estante con las bayas del bosque me inundaron tantos recuerdos: de pasear en la dacha, de recoger bayas y ponerlas en la canasta. Fue un proceso bastante aburrido y mecánico, y realmente no me gustaba mucho hacer ese trabajo: siempre quería terminarlo lo más pronto posible e ir a jugar con mis amigos. Pero también era un ejercicio muy útil de quedarse frente a frente con las bayas por varias horas - en estos momentos me pasaba los mundos sobre los que había leído en los libros que nos habían dado para vacaciones de verano, pensaba en los personajes de esos libros y qué podría pasar con ellos en otras circunstancias y qué haría yo si estuviera en su lugar. Creo que por eso hace unos días sentí que mi celebro iba a explotar cuando de nuevo tuve un racimo de grosellas en mi mano.

Algo parecido pasó cuando cociné el alforfón. No creo que eso tenga algo que ver con el sabor o el olor especial que tiene, o que es una comida tradicional rusa. Sentí que en ese momento vi un montón de diapositivas que pasaban como una película en mi cabeza mostrando diferentes situaciones en mi vida (normalmente las conversaciones que teníamos en la familia) cuando comía alforfón antes. Por ejemplo, cuando era niña tenía un plato con una ciudad dibujada en el fondo. Entonces el proceso de comida se convertía en la liberación de esa ciudad.

Lo mismo pasaba cuando comía la cuajada. Para abstraerse de las conversaciones (a veces desagradables) que tenían los adultos en la mesa, trataba e hacer el proceso de comer la cuajada lo más creativo e interesante posible: trataba de cucharear la masa así para que dejara las “carreteras” en el plato o algunas formas geométricas.

Me parecía que con el cambio de la dieta también se fueron esas memorias, pero lo que hicieron fue esperar su hora para hacerme recordarlas.

La imagen tomada de http://www.vorobiov.com/archive/domikpro/detail-tvorog-i-ego-bratya.html

El viaje aventurero

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Admiro mucho a Charles Darwin. Me parece genial que pudo hacer una expedición tan aventurera en una época cuando todavía había poco conocimiento sobre la geografía del mundo y la medicina estaba en un nivel muy bajo, comparando con el día de hoy. Pero a pesar de todo él se atrevió a cruzar el charco e ir de punta a punta del Globo.

Darwin se fue de Inglaterra en 1831 como un biólogo y explorador en un barco que se llamaba Beagle. Primero se detuvieron en las Islas Canarias, pero no pudieron desembarcar por la epidemia de cólera y tuvieron que seguir su viaje hasta Brasil. Al lado de Río de Janeiro Darwin por fin pudo darse una caminata. Por allá logró realizarse como descubridor: Darwin con mucha diligencia registraba las especies desconocidas, tomaba notas sobre sus aspectos y costumbres, pasaba por las sendas tortuosas e impracticables.

Luego Beagle tomó un rumbo hasta la Isla Grande de Tierra del Fuego y después llevó a Darwin al punto más reconocido re su viaje – las Islas de Galápagos. Él se trasladaba de una isla a otra y se le dejó estupefacto la diversidad de los pájaros que ahora se llaman los pizónes de Darwin. Gracias a la variedad de los tipos de esos pájaros a Darwin por la primera vez por su mente cruzó la idea de que las espacies se transforman a lo largo tiempo.

Luego Beagle llevó a su tripulación por Australia, India, África y hasta la tierra natal. Ese recorrido afectó mucho la cosmovisión de joven científico. En el libro sobre su viaje Darwin escribió:

En conclusión, a mi juicio, nada tan provechoso para un joven naturalista como el viajar por países remotos. En parte estimula y en parte calma las ansias y anhelos que, según observa sir J. Herschell, experimenta el hombre, aunque tenga plenamente satisfechas las necesidades corporales.

texto original:

In conclusion, it appears to me that nothing can be more improving to a young naturalist, than a journey in distant countries. It both sharpens, and partly allays that want and craving, which, as Sir J. Herschel remarks, a man experiences although every corporeal sense be fully satisfied.

Soy podstakannik

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Soy un podstakannik y estoy cansado de ser feliz. ¿Por qué? Porque mi vida es simplemente asombrosa. Todo el tiempo estoy de viaje. Ah, olvidé decirles que trabajo en el ferrocarril ruso. Ustedes van a preguntarme: “¿Y cómo te reconocimos si te vemos por allá?” Pues, estoy hecho de metal tallado y sirvo para sostener los vasos de té, porque esos vasos están hechos de vidrio y no tienen orejas, entonces cuando un vaso está lleno de té recién preparado, un ser humano no puede sostener algo tan caliente sin ayuda mía.

Cada día me paso en una mesilla del compartimiento del tren, sosteniendo el vaso, oliendo el té y mirando por la ventana.

Me gusta mirar cómo cambia el paisaje. A veces me imagino corriendo o yendo en bici al lado del tren (con la misma velocidad, por supuesto) y pienso cómo supero todos los obstáculos en mi vía: las cunetas, las matas intransitables, los ríos… Los momentos más fascinantes son cuando el tren pasa por la estación. Así primero tengo que encontrar muy rápido el lugar dónde pueda subir a la plataforma. Como la gente trata de proteger las entradas de los colados, a veces es bastante complicado, que lo hace aún más interesante. Lo mismo pasa en la salida. Normalmente busco algún agujero o subo a un árbol y luego salto sobre el muro de la estación y estoy de nuevo libre y enfrentando las peculiaridades del relieve.

Cuando me canso, puedo escuchar de qué hablan los pasajeros. Normalmente, uno se comporta como un viajero-experto y da consejos a los demás: qué lugares visitar, dónde es mejor acomodarse. A veces unos se ponen a hablar sobre política o a discutir sobre algunos programas de televisión. En este caso me aburro pronto y entonces me pongo a escuchar el ritmo que dan las ruedas y a soñar… soñar que estoy en una casa del campo al lado de pechka (horno de leña) esperando a que comience a hervir el agua en el samovar

Podstakannik con el té (en un tren). La imagen tomada de http://vahvarh.terra-cognita.ru/text-25/

La caza del oso

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Un ruso sale para cazar con un chukcha. Van buscando un oso. De repente sale uno muy grande y va hacia ellos. El chukcha se mete a correr y el ruso le sigue corriendo tan rápido como pueda.

Dentro de un minuto de carrera el ruso se acuerda de que tiene los fusiles cargados, da la vuelta y mata al oso.

El chukcha lo mira y dice: “¡Idiota! ¿Y quién ahora va a llevarlo hasta la casa?”

El Jaguar Blanco

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(parcialmente plagiado de Arkady Fiedler)

John era un descendiente de los emigrantes polacos que vivían en los Estados Unidos al oeste de Virginia en los principios del siglo XVIII. Él era de una familia de campesinos muy humilde y trabajaba muy duro. Un día les llegó una carta postal en la que les avisaron que tenían que desocupar su finca, porque habían papeles que decían como si la tierra perteneciera a un conde británico.

John se puso furioso por esa arbitrariedad y envió la petición a las autoridades del Estado pidiendo la protección. Pero no pensó que ellos estaban en confabulación con los invasores, y un domingo por la noche un grupo de hombres con linternas se acercaron a su finca. Era un ejército que llegó a sacarlos de su tierra. Los campesinos les recibieron con armas y les detuvieron por un tiempo. John encabezó el movimiento campesino para luchar por su tierra y su libertad. Las autoridades tenían que enviar refuerzos y John con sus compañeros tuvieron que escaparse. La policía fijó el precio por su cabeza on la condición de encontrarlo vivo o muerto. El muchacho no tuvo otras opciones que irse el país.

Él encontró un barco mercante que se iba por el mar Caribe hasta América del Sur. John pidió un permiso al capitán para llevarlo a la expedición a cambio de ayudarle con todos los oficios en el barco.

Cuando el buque se desamarró, Juan empezó a tener preocupaciones: le pareció sospechoso el cuarto oscuro que estaba en la bodega. Después de unos días se dio cuenta de que llevaban unos esclavos para venderlos luego en la costa. Juan trató de averiguar más sobre las personas que estaban encerrados en ese cuarto. En una tarde alcanzó a escuchar una conversación entre dos esclavos. Resultó que les sostenían en las condiciones terribles. Al muchacho le conmovió mucho lo que oyó. Juan era de una familia noble y desde la niñez le inculcaron los criterios universales de justicia e igualdad, y según esto no pudo actuar de otra forma.

Después de unos días empezó la borrasca. Juan se aprovechó de la ocasión y en el alboroto nadie pudo darse cuenta de su desaparición. El muchacho se bajó a la bodega y rompió la cerradura, pero no pensó que os esclavos ya estaban encolerizados y iban a empezar una revuelta cruel. Ellos subieron a la cubierta y empezaron a matar a sus torturadores. La tormenta se volvió insoportable y como el barco quedó sin su tripulación, perdió el control. John corría como loco, tratando de amainar las velas y calmar a los revueltos. Pero en ese caos de agua, sangre, gritos no pudo hacer nada. Después de unas horas de pelea con la poder desenfrenada el barco se estrelló con un escollo…

Juan se despertó en la orilla de una isla inhabitada por las picaduras de moscas. El todavía no sabía que todos en el barco se habían ahogado, y que estaba absolutamente sólo rodeado con esa flora tropical, que tendría que aprender a sobrevivir aquí, que sería atacado por un jaguar, que luego se tropezaría con una tribu de arahuacos, que les ayudaría a pelear con los españoles, que le daría un beso a la hija de su chamán y que encontraría su hogar y familia en los bosques al lado del río Orinoco.

P.S.:

El texto escrito para una de mis tareas de español: escribir una historia usando las palabras conversación, postal, beso, desaparición, picaduras, domingo, universal, linterna, condición, hombres, criterios, libertad, insoportable, preocupación, flora.

El mapa que hice mientras estaba leyendo los libros de Arkady Fiedler “La isla de Robinson”, “Orinoco” u “El Jaguar Blanco”:

La lata

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Antes con bastante frecuencia llevaba al trabajo una lata pequeña de maíz. Me servía mucho para tomar un bocado a por la tarde antes de irme a la casa.

Estando en Colombia, por nostalgia, un día decidí comprar una lata de esas. Pero cómo fue mi desengaño, cuando llegando a la casa descubrí que la lata no tenía la palanca y, por supuesto, no tuve el abrelatas. ¿Cómo abrirla entonces? La primera opción fue usar la fuerza física y tratar de hacer un agujero usando u cuchillo y algo para clavarlo en la tapa de la lata. Pero es bastante peligros porque el cuchillo puede resbalarse y lastimar la mano o la mesa.

…Las primeras conservas surgieron en Francia hace 200 años. Las hacían para los militares. Era la única forma de conservar la carne en las campañas largas. Antes las latas eran muy resistentes y las abrían con un martillo y cincel. Ahora el grosor de las láminas no supera 0.2 mm.

Primero esas hojas se cubren con una laca especial, para que el metal no se oxide. Luego las cortan en unos pedazos rectangulares y después los encorvan para hacer cilindros, y cuecen los bordes.

Del mismo material tallan los fondos y las tapas. Luego con una máquina juntan el fondo de la lata y las paredes a un todo único. Después en las latas ponen algo que quieren conservar, por ejemplo, la carne, dejando el espacio para libre, porque durante la preparación la carne va a hervir y puede explotar. Vamos a verlo más detallado: la tapa presionada en el interior de de la lata y la “abraza” (se dobla y se une a la pared de la lata) por fuera. Arriba de la lata aparece un saliente que es su parte débil.

La carne está cociéndose por una hora con un temperatura de 200°C y la presión de 2 atmósferas.

Ahora con la lima se afila la parte superior de la lata y se abre. En las condiciones extremas se puede hacer con una piedra rugosa.

la otra forma de abrir la es crear la diferencia de presión por dentro de la lata y afuera, calentándola en una cacerola llena de agua. Pero creo que la masa de maíz sea muy apetitosa.

(Por si a alguien le interesa, al final la abrí con mi navaja suiza)

El Bombillo

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En el año 1920 Vladimir Ilich Lenin realizó un viaje a un pueblo llamado Kashino para presentar en el arranque de una nueva estación eléctrica, que estaba hecha de los viejos cables de telégrafo. Así empezó el plan GOELRÓ (Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia) de electrificación de todos los pueblos en Rusia. Fue el primer plan que se realizó después de la revolución rusa. Antes de la revolución en los pueblos no sabían casi nada de electricidad, y después de ese proyecto decían que el comunismo era el poder de los soviets más la electrificación de todo el país.

Así a los pueblos lejanos llegó el bombillo. En las casas de los campesinos aparecieron “los bombillos de Ilich” (como llamaron a las primeras lámparas incandescentes). Más tarde ésta expresión adquirió otros significados. Nació el dicho “me importa hasta el bombillo” que significaba la indiferencia a lo que pasaba en el país. El bombillo se convirtió en un símbolo de la época.

Ahora en Rusia casi no se ven los bombillos sin caperuza.