Cansada de ser feliz

Bienvenidos a mi flujo de conciencia

Cómo cocinar borsh (o esa sopita rusa roja)

| Comments

Primero, toca sobreponerse, ir al supermercado y tratar de aguantar esa muchedumbre. Y, por supuesto, comprar los siguientes ingredientes:

  • 4 tubérculos de papa
  • 200 g. de repollo
  • perejil y/o hinojo
  • aceite vegetal (más o menos 3 cucharas)
  • sal
  • 2 remolachas
  • 1 zanahoria grande
  • 3 tomates o pasta de tomate

Calle 13 con 6

| Comments

Cra 6 #13-23

El administrador del banco está en su oficina tirando nerviosamente de su barba. Parece que como siempre tuvo mucha lengua y perdió la cliente de hoy. Él mira por la ventana y está dando vueltas en la memoria tratando de recordar los sucesos de hoy.

Por la mañana a la sucursal del banco llamó un señor, que se presentó como representante de la esposa del embajador austriaco, diciendo que la señora iba a visitar a su sucursal para considerar las posibilidades de abrir por allá la caja de depósito seguro. El administrador se puso emocionado: no cada día le visitan familiares de altos funcionarios y además de unos extranjeros, y decidió a toda la costa causar buena impresión.

Al mediodía al banco entró una dama vestida de traje, tacones altos y el pelo recogido en un moño. Era bastante joven, pero su forma de portarse con los demás revelaba su posición. Ella miraba con frialdad y sólo un lunar en la mejilla derecha a daba a su rostro algo vivaz y juguetón. El administrador personalmente recibió a la cliente y le dio la excursión por el edificio jactándose del sistema de seguridad, haciendo bromas tontas y contando tal como en un anuncio publicitario que era el primer edificio de esa red bancaria y que estaba construido en 1892 y para esa época sus clientes eran las personas más poderosas del país y etc.

“No tuve que ser tan latoso, a esos europeos les molesta eso”, - dijo en la voz alta mirando por la ventana a un colegio al frente del banco. - “Pero ya qué.”

Cra 6 #13-24

El colegio con un nombre pretencioso “Cambridge school” está ubicado en el centro histórico de la ciudad y a primera vista se parece a una cárcel: un muro alto de ladrillo, los cables de la tensión y un vigilante en la entrada. Cada lunes los estudiantes del sexto grado tienen la clase de ruso. A los niños les gusta mucho ese curso - la profesora es muy joven a comparación con los otros maestros-”dinosaurios” del colegio y cada clase cuenta algún hecho curioso sobre Rusia. Y, que es lo más importante, durante las evaluaciones, sin importar las consecuencias vuelve la espalda y mira por la ventana, a pesar de que no haya nada interesante por allá: sólo un banco, una fila de carros en un trancón permanente y una publicidad en el edificio al lado del banco, que ya durante un mes está prometiendo que pronto en ese lugar se abrirá un local de las “Empanadas Bacanas”.

Cra 6 #13-21

Desde que los dueños de la casa en la 13 con 6ta se fueron vivir a la costa y lo arrendaron para un local de empanadas, los vecinos sufren del ruido por las noches. No parece que la reconstrucción avanza mucho, y todavía nadie ha visto al arrendatario, pero todos se ponen de acuerdo que sería bueno tener por allá un sitio de comida rápida y barata.

Cra 6. Entre #13-21 y #13-23

El túnel es frío y oscuro. Por dentro está una muchacha con una máscara y gafas. La máquina perforadora avanza lentamente: un disco de acero se mete a presión al terreno, saca la tierra y la manda por medio de una banda transportadora hacía afuera. A pesar de la máscara, a la muchacha le da mareo de olor de las vigas y un poco podridas de la humedad y el cemento que sirven para reforzar la parte construida del túnel. El gran problema son las aguas subterráneas, por eso le toca usar el método que inventaron en Leningrado cuando tenían que cavar el segmento entre las estaciones Lesnaya y Ploshad Muzhestva del metro, y enfriaron la tierra con nitrógeno líquido.

Pero ya falta un poco y esto le levanta el ánimo.

Cra 6 #13-24

Comenzó la época de los exámenes. La profesora según es costumbre está mirando por la ventana, esperando cuando el último estudiante que se quedó le entregue el papel con las respuestas de la evaluación. No se puede decir que no le gusta su trabajo, pero ese día se siente algo de alivio. Ya ha decidido que es su último año en el colegio y llegó el momento para cambiar algo en su vida, o simplemente para viajar y conocer algo nuevo.

Sus pensamientos se interrumpen por la alarma. Por el altavoz el director avisa que alguien llamó al colegio y dijo que había puesto una bomba, y a pesar de que él está seguro de que era algún estudiante que quiere aplazar el día de un examen, las normas de la seguridad exigen hacer la evacuación.

En unos minutos todo se cubre con el humo. No se ve el fuego, pero el humo se extendió tan rápido que, junto al sonido histérico de la sirena, provoca el pánico entre los estudiantes y profesores. En el pánico nadie se da cuenta de que la profesora de ruso entra a una aula y en tres minutos sale vestida como una empleada del banco, cruza la calle y entra a la sucursal al frente del colegio.

Cra 6 #13-23

El humo ya es tan fuerte que invade los otros edificios en el barrio. La profesora se pone una careta antigás portátil y entra a la parte privada del banco. Todos al rededor salen corriendo y nadie le presta atención. En unos segundos funciona el sistema del desbloqueo de las puertas contra incendio. La muchacha sabe perfectamente la ruta y va a paso firme hacía su destino. A las 2:30 pm en punto a lado del muro del colegio se escucha una explosión. No se ven ningunos signos de destrucción, pero el sonido agrava el pánico aún más y nadie nota que por dentro del banco en el cuarto con las cajas de depósito seguro se explotó una bomba real y abrió un hueco a un túnel.

Cra 6 #13-21

Detrás de la publicidad de las “Empanadas Bacanas” sale una chica en un vestido corto abigarrado, sandalias y una de esas bolsas grandes que se pusieron de moda. Se para por un momento en la calle, levanta la cabeza, mira el sol que trata de resplanderse a través del humo, y sigue derecho. En la calle 5 con 17 se encuentra con un muchacho:

— ¿Qué más? - le pregunta.

— Bien, acabo de darles el examen final.

— Qué bien. Entonces ya no tienes excusas de estar perdida por las noches.

La chica sonrió y el muchacho la beso en el lunar de la mejilla derecha:

— Vamos a comer algo, ¿te parece?

— Ok.

— Perfecto. Conozco un buen sitio en par de cuadras de aquí. Creo que ya te lo había mencionado…

Colegio ruso. Los libros (o mis traumas infantiles)

| Comments

Tradicionalmente el año escolar empieza en los colegios rusos el primero de septiembre.

Los profesores formaban el listado de los libros que los estudiantes debían tener para todo el año. Con ese listado teníamos que ir a la biblioteca del colegio y pedir los. Cada libro, en la parte interna de la cubierta, tenía un sobre pequeño. En ese sobre ponían el papel con los nombres de todos estudiantes que antes tomaban ese libro y la anotación en qué estado lo devolvieron. La bibleotecaria extraía el papel del sobre, escribía nuestros nombres y lo guardaba en su cajón.

Siempre tenía susto de las bibleotecarias y las mujeres que vendían pan. Para mí se unen en una imagen terrorífica de una mujer gorda con los brazos gruesos y los dedos como unos chorizos pequeños, que a pesar de su gorgura lleva las faldas bastante cortas. De la falda salen las piernas muy apretados con las medias veladas. Las piernas son tan infladas, que parece que ya están listas para explotar en cualquier momento. Mi mirada se baja y se para en sus zapatos pequeños y elegantes, y de inmediato a la mente llagan las imágenes de las torturas medievales – ¿¡cómo pudo meter sus pies a esos zapatos tan pequeños!?

– Hum, hum…

La senora carraspea y me mira , como si yo fuera el enemigo de la patria. Empiezo a sentir que por aquí no me esperan y distraigo a la señora de las cosas más importantes que la entrega de libros. Con la misma cara de hostilidad la bibleotecaria pregunta:

– ¿Qué..? ¡Rápido!

– Amm… es que… libros.

Perdiendo el don de la palabra, alargo la mano temblando con el listado. La señora se levanta con un aspiro profundo de desagrado y va hacía los estantes. Mientras mi corazón palpita como el de un conejo, ella me entrega un libro por otro libro acompañado cada su movimiento con otro suspiro. Con el último libro llega el alivio. Los recogo tan rápido como sea posible y me dirigo a la salida.

Pero con eso no se acaba el sufrimiento. Al final del año hay que entregar los libros “en el mejor estado del que los han recibido”: borrar todas las anotaciones, pegar las hojas aflojadas y reforzar la cubierta con cinta.

Todo el ano se pasa con el sabor anticipado del Juicio Final, imaginando cómo los pequeño chorizos van a ojear los libros y los ojos como de sabueso van a examinar cada hoja buscando tachaduras o rupturas del papel.

El mundo de los cuentos rusos

| Comments

Cuando era pequeña me encantaba leer los cuentos rusos folclóricos, seguir el destino de sus personajes, imaginarme en su lugar y pensar en nuevas historias que pudieran pasar con ellos.

Me parece que nuestros cuentos reflejan perfectamente nuestra cultura, nuestras esperanzas y sueños. Me gusta que tienen muchos personajes mágicos y los dioses de mitología eslava: Perun - el dios principal que apoya al ejército, Veles - el dios del otro mundo o el dios del ganado, Yarilo - el ídolo del Sol, felicidad y fertilidad de primavera.

Me gusta leer sobre Zmey Gorynych (dragón eslavo) que vive en las montañas o cerca del río de fuego y que vigila el Puente de Kalinov, que es la frontera entre los reinos de los vivos y los muertos. Es el puente por el que pasan los almas después de morir. También existía un dicho: “verse con alguien en el Puente de Kalinov”, que significaba “enamorarse de alguien”, porque el casamiento para una muchacha significaba la muerte y el renacimiento en un estado nuevo.

El dragón puede tener de 3 a 12 cabezas que escupen fuego, tiene una cola muy larga con una pica al final y las paras con garras. En su tiempo libre el dragón secuestra las muchachas más bonitas, simplemente para comerlas después. Zmey Gorynych sirve a otro personaje que se llama Koschéi el Inmortal.

Es un mago maligno que guarda el reino subterráneo. Su vida está escondida en una isla en un mar, donde está un roble. Bajo del roble está enterrado un cofre, en él hay un conejo, y dentro del conejo un pato, y dentro del pato un huevo, y dentro del huevo una aguja y en la punta de la aguja está su muerte.

Es un viejo muy flaco, que parece a un esqueleto ambulante, y avaro. En los cuentos él normalmente secuestra la prometida del protagonista. El gran enemigo de Koschéi es Baba Yagá - una vieja que vive en el bosque en una casa con las patas de gallina y vuela sobre su almirez.

En los cuentos ella ayuda al personaje principal: le cuenta dónde encontrar la muerte de Koschéi y cómo salvar a su novia. Le regala un nudo de hilos que le muestra el camino.

El muchacho que perdió su novia es Ivan Tsarevich. Es el hijo menor del zar entre sus tres hijos, entonces no puede pretender a su corona. Después de ser adulto viaja mucho cumpliendo los deseos tontos de su padre, y en uno de sus viajes le consigue al padre Zhar-Ptitsa - el pájaro de fuego (que es el Fénix eslavo).

Ivan se enamora de la hija de Koschéi - Vasilisa la Sábia.

El escape

| Comments

No hay nada peor que vivir esperando algo. Así uno no vive, sino existe, constantemente pensando en cómo será su vida en el futuro en ese mundo cuando se cumplan sus expectativas. En lugar de disfrutar cada momento del día, uno lo rechaza como algo indeseable y temporal y sigue pensando en los sueños sobre esa vida imaginaria, haciendo planes por allá, pensando en qué va a hacer y qué va a sentir en esas circunstancias.

Ya es medianoche y está muy oscuro. Un muchacho está sentado en una cama pequeña mirando frustradamente a la pared frene a sí. Su cuarto es bastante humilde: aparte de la cama hay una mesita, una silla y un estante de libros. Él ha estado encarcelado por allá por tanto tiempo que ya no recuerde cómo era vivir en condiciones diferentes. El mundo exterior le parece hostil y peligroso. En los primeros años de encarcelamiento había una esperanza de que le iban a liberar pronto, pero después de ese sentimiento se disminuyó y se reemplazó con una frustración constante. La única ventana al mundo real eran los libros. Con libros él pudo viajar a países diferentes, conocer a otras personas, tener aventuras, enamorarse y decepcionarse – en una palabra, tener una vida completa. Por varios años eso le ayudaba a olvidar que estaba encerrado, pero después con más y más frecuencia le llegaba la idea que los libros eran un sucedáneo que le sustituía la vida real. Él se sentía como una marioneta, la que manipulaban los autores de libros que leía. Le mostraban sólo las partes que querían y ocultaban el resto, entonces él no pudo apreciar las situaciones y las emociones de los personajes de forma objetiva y tuvo que fiarse de los juicios del autor.

Un día el muchacho se dio cuenta que no era tan difícil escaparse de su cárcel. Después de todos esos años ya le miraban con la vista gorda, porque estaban seguros de que su voluntad había sido reprimida y que simplemente no podría encontrar fuerzas para la fuga. Y en parte era verdad, le inculcaron muy bien la idea de que él ya no puede cuidarse a sí mismo y que el mundo exterior es aún más cruel que su cárcel que ya es familiar.

Y ahora el muchacho está mirando a la pared y dibujando las ensenas de su escape, de su vida futura, está imaginando los personajes que va a encontrar por allá, los lugares a cuales va a viajar y las aventuras que va a tener.

Ascensores

| Comments

Mi historia con los ascensores comenzó cuando yo era muy pequeña y todavía estaba en el jardín. Tenía una cabra amarilla hecha de plástico, que tenía ruedas en lugar de patas. Entonces le llevaba por todos los lados con una cuerda. La cabra era hueca y sus cachos negros se atornillaban en su cabeza.

Un día, cuando me devolvía a la casa después de un paseo, en el momento en el que estábamos franqueando las puertas del ascensor, el cacho se me cayó al hueco. No me di cuenta cuándo pasó esto (o simplemente ya no lo recuerdo), me lo contaron después. Pero hasta ahora para mi ese accidente está envuelto en un misterio: pasaron las horas y horas y yo estaba imaginando qué hubiera podido pasar con el caco perdido y cómo se enredó su destino.

A partir de ese momento empecé a ver las pesadillas sobre el ascensor de mi edificio. Soñaba que me perseguían unos hombres y trataba de escaparme de ellos corriendo por las escaleras. Cuando llegaba al primer piso, me daba cuenta que uno de ellos se me había adelantado en el ascensor y me estaba esperando allá. Entonces seguía bajándome hasta el sótano (que en realidad no existía en la casa) y llegaba a un cuarto oscuro y lleno de polvo. En una pared se veía un hueco. Me acerqué al hueco y - ¡qué horrores! - vi que era el pozo de ascensor. Uno podía ver cómo se movían los cables llevando el contrapeso. Ese hueco era muy oscuro con un bombillo amarillo marcando cada piso. Y debajo, cubierto del polvo, estaba el cacho de mi cabra… En ese momento me desperté con sudor frío.

Tuve otra experiencia con un ascensor cuando fuimos a una casa vieja en el centro de Moscú. En esa casa había un ascensor muy antiguo (creo que de los primeros), que era instalado al redor de escaleras. El ascensor se movía en un pozo hecho de una red metálica, por eso se veía completamente el mecanismo, y cuando llegaba al piso, uno tuvo tenía que abrir manualmente dos puertas: una del pozo y la otra del ascensor. Me asusté mucho al ver todo el mecanismo de la forma tan transparente, y no puede creer que los cables tan delgados pueden sostener una cabina tan pesada.

Después empecé a ver unas pesadillas de otro tipo: estaba llamando al ascensor y cundo llegaba y se abrían las puertas, me daba cuenta que por dentro no habían ni el piso, ni las paredes. Llegaba un marco de metal, sólo con una tabla de madera al fondo para poder quedarse.

Entonces mi relación con los ascensores empezó con pesadillas, pero las películas gringas cambiaron todo. EN ellas mostraban un ascensor como la parte de una aventura: los protagonistas se metían al pozo, o hacían un hueco en el techo de la cabina para escaparse con los diamantes robados. El hueco del ascensor se convirtió en una ruta de escape para los aventureros que roban los bancos o museos.

Ahora me encanta montar en los ascensores. Me gusta oprimir el botón y sentir el poder que ejersco sobre la máquina. O montar en un ascensor con las paredes de vidrio.

Un chiste

| Comments

— ¿Dónde usted trabaja?
— En un instituto…
— ¿Y a qué se dedica?
— Ecuaciones de Fredholm de primera especie.
— ¿Y cuál es su hobby (pasatiempo)?
— Ecuaciones de Fredholm de segunda especie

Cómo corregíamos nuestros errores cuando estábamos en el colegio

| Comments

Cuando entré a estudiar en el colegio, todavía no habían correctores que echaban un líquido de color blanco al papel, y que después de endurecerse cubre la tinta.

En lugar de usar el corrector usábamos una hoja de afeitar. Con eso quitábamos las fibras de papel pintadas. Tuvimos que hacerlo con mucho cuidado para no abrir un agujero. En el colegio nos disminuían la nota por casa tachón, por eso tuvimos que hacer ese trabajo como un joyero.

El guardia de un banco

| Comments

A veces me entretengo pensando en qué pasaría si el guardia de un banco tuviera que usar sus armas.

Siempre me asombraba el tamaño y calibre de las armas que tienen los señores de un banco que están al lado de los cajeros automáticos. No es una pistola, ni un rifle, sino más bien se parece a un lanzacohetes portátil. Si tuviera uno en me daría susto utilizarlo como es debido. Creo que terminaría corriendo por el banco y pegando a los delincuentes en la cabeza con ese tronco metálico.

Pues, …el guardia está en su puesto con el “tronco” en las manos. Entran corriendo tres ladrones con pasamontañas negras con el fin de atracar el banco. El guardia sin demora levanta su arma, la pone en el hombro derecho y empieza a apuntar. La “bazuca” es tan pesada que le dificulta aguantar el dolor en las rodillas. Con el dedo temblando de tensión el guardia hala el gatillo y dispara. En el mismo momento e culatazo le pega tan duro que el señor termina volando hacía atrás. Los demás están completamente ensordecidos con el disparo. El proyectil cohete vuela, abre la pared del banco y se cae en el barrio vecino. En el lugar donde antes había un barrio se forma un embudo gigante y la onda explosiva despierta a las pacas tectónicas que empiezan a moverse y comienza un terremoto.El ejército interpreta mal el disparo y empieza una operación militar que provoca el pánico en todo el país acompañado de temblores y disparos. EL gobierno de los EE. UU. se pone nervioso por no entender qué pasa. Por si acaso activan su programa atómico que, en su lugar, hace preocupar gobierno ruso que llama a un concilio militar, en que deciden, por si acaso, disparar a los estadounidenses.

Así de peligroso en un arma de un guardia de un banco colombiano.

Traducción del poema de Andrei Orlov “Réquiem por MH-17”

| Comments

Andrei Orlov “Réquiem por MH-17”

Para que y yo no quiera a nadie,
Digo responsable y severamente:
Soy uno de ellos quienes vilmente derribaron
El avión que volaba hasta Lumpur.

No tengo otro país,
Y hoy, por amargo que sea,
Soy de la misma nacionalidad
Con el cohete lanzado con tanto artificio.

Ahora estoy en la primera plana
en los diarios por todo el mundo, cruel u horroroso,
Y a mi mismo yo inspiro temor
De ser parte de la palabra RUSSIAN.

Tengo la misma nacionalidad
Con unos que dicen que no lo querían,
Con unos que en el cielo sobre las tierras anejas
Elegían los objetivos sin piedad.

Esa banalidad retrasada
Puede sonar sacrílega y mala,
Puede, no tuviera suerte contigo,
Y tú conmigo, mi nacionalidad.

Mi pueblo, que ya olvidó
Y se perdonó por matarse a si mismo,
Ayer yo contigo derribé
El aeronave en el cielo despejado ucraniano.

Sí, hoy soy uno de ellos,
De unos que me dan asco,
De unos que quieren que los demás
Tengan más despegues que aterrizajes.

Lo derribaron todos que con alegría en Facebook
Publicaron las caras de los orcos siniestros,
Lo derribaron unos que llevaban secretamente la instalación Buk
A través de su frontera.

Lo derribaron unos que inspiraban con sus palabras,
Daban armas a cualquier persona,
Lo derribaron unos que crucificaron el niño
Entre KVN y la publicidad.

“Boeing” no llegó a nada,
Pero todavía no se acabó la tortura:
Doscientos noventa y ocho cuerpos
En Grabovo, están como prisioneros del opolchenie.

Montones de pasaportes extranjeros,
Zapatos, sombreros y los juguetes de niños,
Y un cadáver se rompió el techo
De una viejita sin nombre de Grabovo.

Quién concretamente y desde dónde lo derribó,
El sumario lo debería aclarar,
Y yo, me quedo así como era antes –
Ruso de nacimiento y de mi sangre.

Y mientras los mentes de políticos
No están listos para “reboot”,
Yo confeso por ellos: nosotros lo derribamos,
Soy culpable, porque soy ruso…