Cansada de ser feliz

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Bancas

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Una de las primeras cosas que me sorprendieron al llegar a Bogotá fue la ausencia de bancas. Cuando quedaba de verme con mis amigos en algún sitio, no rara vez encontraba un sitio que no fuera un café o una panadería para sentarme y esperarlos. Cuando iba a un parque o a un lugar con edificios bonitos, no tenía dónde sentarme y contemplar la vista.

Cuando les pregunté a mis amigos colombianos: «¿por qué hay tan pocas bancas?» - me preguntaron de vuelta - «¿Y para qué sirven? ¿Para que los mendigos duerman allá o para que se las roben?»

Diagonal 92, Bogotá:

Pero las bancas tienen muchas ventajas. En una ciudad siempre hay un gran porcentaje de personas que tienen dificultades físicas, y necesitan descansar de vez en cuando. Y no son solamente las personas con discapacidad, todos nosotros enfrentamos limitaciones para movernos cuando cargamos algo pesado o voluminoso, llevamos un niño o arrastramos un coche o carrito de mercado. A veces nos empieza a doler algo, mientras estamos yendo a nuestro destino, o necesitamos detenernos para sacar algo del bolso. Ni hablar de las personas de edad que necesitan descansar más seguido.

Una buena banca es como un adorno para la calle. En las ciudades amigables hay muchas bancas, en las que la gente puede descansar bajo la sombra de los árboles, sentarse por un rato para admirar los alrededores. Puede detenerse y contemplar el movimiento de la ciudad: cómo pasan los buses, cómo caminan las personas. Es una forma de meditación para un ciudadano.

Pero en Bogotá muchos critican a las bancas. Normalmente escucho dos argumentos principales. Primero, que se las van a robar, entonces no tiene sentido invertir en ellas. Las mayores preocupaciones que he escuchado eran sobre las bancas de madera, porque la gente teme que las vayan a desbaratar para la leña, y por eso hay que hacerlas pesadas y de materiales poco atractivos para los ladrones, como el cemento. Segundo, incluso si todas las bancas estuvieran hechas de cemento, las que no se pueden robar, van a ser usadas por mendigos para dormir en ellas. Entonces, la solución es decir no a las bancas en la calle y mejor usar unas de los centros comerciales que están bien vigiladas y libres de las personas que no tienen suficiente dinero.

Con la gente que no tiene casa es entendible: si una persona no tiene dónde dormir, va a dormir en cualquier sitio de la calle, sin importar si hay bancas o no. El argumento de los ladrones tampoco tiene mucho sentido. Si la gente está robando hasta la madera de las bancas, algo definitivamente está mal en la sociedad, y hay que resolver el problema de fondo en vez de privar a los ciudadanos de su derecho de sentarse cómodos y de descansar. Obviamente, es muy difícil detener a los ladrones, y siempre van a seguir robando por allí y por allá, pero en la escala de toda la ciudad no es un daño significativo, en comparación con el beneficio que uno puede tener.

Gracias a las bancas las ciudades se embellecen. Las personas se quedan en las calles en vez de pasar tiempo en sus casas o en los centros comerciales, porque ya tienen donde estar cómodos y pasar su tiempo al aire libre. Las calles ya no son pasillos de cemento solitarios, que uno trata de atravesar tan rápido como sea posible en camino de un edificio hacía el otro. Cuando la gente se queda en las calles disfrutando los espacios públicos, la ciudad se vuelve más segura y más amigable.

A pesar de que en Bogotá se ven unas bancas, es muy difícil encontrar unas realmente confortables. La mayoría son feas y bastante incómodas. Tal vez eso explica por qué hay tan pocas personas sentadas en ellas. ¿A quién le gustaría estar sentado sobre un bloque de cemento frío y sin espaldar? Una banca debe llamar la atención de los ciudadanos y ser un espacio atractivo para sentarse y pasar un buen rato en ella. Las bancas cómodas siempre van a estar llenas de personas.

Una banca cómoda debe tener el espaldar un poco inclinado (no a 90 grados con respecto al asiento del sillín) y ser ergonómica para acomodarse a la posición normal de descanso de una persona.

Debe estar dirigida hacía una buena vista, para que las personas puedan observar los árboles o las flores, la arquitectura y la vida ciudadana. El lugar debe estar un poco alejado de los pasos muy transitados para que la persona se sienta tranquila y segura. Es muy incómodo cuando al lado de la banca muy cerca ponen una caneca de basura. ¿A quién le gustaría descansar oliendo un basurero o constantemente viendo a otras personas acercándose y tirando basura a un metro de uno?

Es muy importante el área alrededor de la banca. Debajo de la banca no debe haber charcos, nada debe estar salpicando arriba.

Una banca debe estar hecha de materiales cálidos y no de un cemento frío. En Bogotá, el clima es moderadamente frío y las bancas hechas de concreto no alcanzan a secarse y calentarse rápido después de la lluvia. El material debe ser resistible a los vándalos y ser fácil de arreglar o intercambiar. Idealmente una banca debe estar hecha con tablas de madera, separadas por espacios.

Una banca puede tener apoyabrazos en los bordes y unos elementos decorativos en el espaldar que no permiten sentarse encima, ni poner los pies en el asiento.

Las bancas sin espaldar pueden estar en los sitios donde el flujo de gente es muy grande, y las personas sólo las usan para descansar por un tiempo corto.

Por ejemplo, esta banca se ve bastante incómoda. Está hecha de un material frío y tiene el espaldar casi completamente vertical. Definitivamente no es un buen sitio para descansar.

Las blancas son una de las partes fundamentales del urbanismo. Ellas deben ser atractivas y cómodas para los ciudadanos.

Algunas imágenes tomadas de: mobiliariourbanoimagenbogota.com, chelurban.ru

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