Cansada de ser feliz

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Vacaciones en Bogotá. Diciembre 2019

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Lunes, 16 de diciembre

Por la mañana no hice nada especial. Desayuné, miré un par de entrevistas en YouTube. Luego escribió mi amiga y me sugirió que almorzáramos juntas antes de la conferencia sobre Putin. La conferencia estaba programada para las 3 pm en la casa Ilustre en la sede de Usaquén.

Salí de la casa un poco después de las 10 am. Duré más de una hora en el trancón, aproveché para empezar a leer «El crimen del siglo» de Miguel Torres. Es un libro que cuenta la historia de un señor que posiblemente mató a Gaitán. También existe una película, basada en este libro, llamada «Roa». Muy recomendada. Lo que más me llamó la atención en los primeros capítulos del libro fueron las descripciones de la Bogotá de los años 40, que era todavía tan pequeña, y a pesar de eso ya tenía sistema de tranvías. Fue muy triste leer sobre los tranvías en Bogotá, estando dentro de un bus en el trancón.

No entiendo por qué no restauraron la red de tranvías. A diferencia de los buses, las tranvías son escalables, porque permiten adjuntar fácilmente los vagones adicionales. Algunas líneas de tranvías pueden llevar incluso más personas que unas líneas de metro. Son más baratos y más rápidos de construir que un metro. Los tranvías son mucho más ecológicos que los buses. En muchas ciudades entre las líneas de tranvía crece pasto, que hace que la vía sea más bonita y no le permite calentarse tanto. Finalmente, se desgastan tan rápido como los buses.

Almorcé con mi amiga en un restaurante vegetariano llamado Berenjena y fuimos a la conferencia sobre Putin. Fue una charla corta, de dos horas, que resume un curso de 4 o 5 sesiones (no lo recuerdo exactamente). Pero a pesar de que fue tan breve, el conferencista logró hacerla sustanciosa y bastante objetiva. Primero él contó rápidamente los principales hechos históricos, para dar un contexto del mundo y su desarrollo durante el siglo pasado. Luego contó cómo la caída de la Unión Soviética afectó al país y a los ciudadanos rusos.

De vuelta a la casa, miré un episodio de la serie «La Corona» sobre la reina británica Isabel II. Luego leí un poco del libro «The Diary of a Bookseller». Es un diario de Shaun Bythell, quien es dueño de una librería en Wigtown, Escocia. Él escribe sobre su día a día en la librería, se queja de los clientes y de Amazon, explica cómo consigue nuevos libros para su tienda, describe las relaciones con sus empleados, cuenta cómo pasa su tiempo libre. Y todo esto lo escribe con un muy buen sentido del humor. Creo que fueron los trancones bogotanos, que me empujaron a leer algo escrito por un cínico y misántropo.

P.S. A la hora del almuerzo entré a la Librería Nacional. Vi que venden un nuevo Diccionario de Colombianismos y no lo compré. Qué voluntad, estoy orgullosa de mi misma.

Martes, 17 de diciembre

Desayuné con yogur y granola. Miré un episodio más de «La Corona». Lavé las fundas de los muebles de la sala, y cosí los huecos que tenían. Copié en la USB los dos episodios de la segunda temporada que me faltan para mirar.

Planché mi camisa y empaqué la maleta. Salí hacía el Hotel Parque Virrey. No estoy muy acostumbrada a andar por Bogotá a mediodía, porque normalmente paso gran parte del días en la oficina fría. Como de costumbre, me puse un saco y tuve mucho calor en el bus. Otra vez estuve en un trancón. Lo curioso fue que el bus estaba casi vacío, pero hubo un montón de gente en sus carros. ¿A dónde van todos ellos? ¿Y por qué todos en carros? ¿Van de las oficinas a sus casas para almorzar? En el bus seguí leyendo el libro de Shaun Bythell.

Me registré en el hotel. El ascensor no estaba funcionando. El hotel se ve viejo por dentro, pero bastante bien mantenido. Tuve una terraza compartida con mis vecinos del piso. En la calle estaban poniendo la canción «Despacito» en un ciclo infinito. No encontré un puerto USB en el televisor para poder terminar de ver la serie. Pasé toda la tarde caminando, tomando tecito y leyendo.

Después de estar en mi barrio tranquilo, el parque El Virrey parece muy ruidoso - aparte de la música, se escuchan pitos de la policía, alarmas de las patinetas eléctricas, cuando las mueven sin desactivar, y mucho ruido del tráfico en general. Sin embargo, el caño está mucho mejor mantenido, comparado con el caño cerca a donde que vivo.

Miércoles, 18 de diciembre

Por la mañana llegó mi amiga, y por primera vez en mi vida fui a desayunar en Crepes & Waffles. Todo fue delicioso, y probamos un desayuno inglés con té. Luego de caminar mucho y almorzar, ¿a dónde pueden ir unas muchachas rusas? A tomar más té. Entonces decidimos explorar una nueva casa de té llamada The Rose, que está ubicada sobre la carrera novena cerca a la Avenida Chile. Y no defraudó nuestras esperanzas - tenían una carta de muchos tipos de té negro, verde, blanco y hasta pu-erh.

Qué lástima que en Colombia haya pocos sitios donde sirven té. Creo que es por eso que normalmente es tan caro.

Por la tarde fui a ver la película «Litigante». Tenía muchas expectativas sobre esta obra, porque la actriz principal es Carolina Sanín. A pesar de que no me gustó su libro «Los niños», leo con mucho gusto sus artículos en la revista Arcadia, especialmente sus críticas de cine. Pero esta vez no sé qué pasó, pero me decepcioné completamente. La única escena que me gustó, fue en la que la protagonista está regañando a sus hermana por llegar tarde, y la hermana trata de echale la culpa al «trancón de siempre». He terminado muchas relaciones con las personas que nunca llegan a tiempo, echandole la culpa a los trancones y ni siquiera avisan que van tarde. Volviendo a la película, no pude sentir compasión por la protagonista. A pesar de que le pasan cosas bastante pesadas en su vida - está involucrada en un caso de corrupción y por eso tiene que renunciar a su trabajo, su madre tiene cáncer, su hijo tiene problemas en el colegio por no tener padre - no logré sentir la compasión por ella, porque su personaje, y los demás también, son tan planos como unas figuras de cartón. Además, parece que la pérdida de trabajo no afectó a la protagonista, no se veía en pánico por no tener plata para pagar el arriendo y la ruta de colegio para su hijo, ni se estaba apresurando para buscar nuevo trabajo. El escándalo de corrupción tampoco se veía grave, la enfermedad de su mamá más que todo la irritaba, porque su madre no quería aceptar el tratamiento. Los problemas con su hijo se acabaron apenas ella llevó a su novio a la casa. Parece que ya caí en el grupo de los haters, el término que usa el director de la película.

Por otro lado, creo que la única ventaja de vivir sobre el parque El Virrey es que muchos sitios quedan a una distancia caminable, entonces uno no se estresa tanto estando en un trancón. Además por la cantidad de gente que sale de sus oficinas para ir a comer y hacer compras, el barrio se siente bastante seguro, incluso después de las 8 de la noche. Sin embargo, estar casi siempre cerca de una muchedumbre y en un ruido constante de tráfico es estresante.

Jueves, 19 de diciembre

Por la mañana estuve leyendo en un parque, luego llegó mi amigo y estuvimos paseando un rato, adelantando el cuaderno, hablando de libros y la serie «La Corona» y, por supuesto, tomando tecito.

Fue muy bueno mudarme para por días al hotel. Logré cambiar mi rutina, estar lejos de computador, estar en un sitio con más rutas de buses en el que mis amigos me pueden visitar con más facilidad, estar cerca de unos de los cines en los que muestran películas chéveres (Av Chile, Cinemanía), a las librerías y sitios con conferencias públicas.

Viernes, 20 de diciembre

Volvía a la casa, pasando más de una hora en un trancón. Habría podido caminar, si no hubiera hecho tanto calor y si no hubiera tenido la maleta pesada por los libros que llevaba. Debí dejar la biografía de Simón Bolívar en la casa, porque ni la empecé debido a la vida social tan intensa que tuve. Qué bueno estar de vuelta en la casita con su tranquilidad, con todo en su sitio, que no hay que pensar para moverse. Con la biblioteca y las plantas, que ya me estaban esperando para regarlas. Y con tecito, por supuesto.

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