Cansada de ser feliz

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Como fui a TEDxBogotá Mujeres

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En mi semana de estar desempleada decidí ir al evento de TEDx en Bogotá.

La entrada era gratuita, simplemente había que registrarse en Ticketcode y obtener el código QR. El evento tuvo lugar en Chamorro City Hall el 3 de noviembre 2017 a las 12:30.

Como vivo bastante cerca al evento, primero decidí ir a pie, aunque a la mitad de camino, me alcanzó una nube negra y empezó a caer un aguacero. Tenía puestos unos zapatos de tela, que se mojan en segundos, entonces mi primer decisión de pánico fue correr hasta la estación de Transmilenio más cercana. Al mirar los charcos que estaban en la estación me dí cuenta de que era una mala idea, pero ya fue demasiado tarde. Entonces entré a la estación y mi pánico subió a la segunda fase: en ningún lado vi el bus B1, el que se supone que para en todas las estaciones. Después de caminar por un tiempo en la estación y recoger todo el agua del charco dentro de mis zapatos, por fin entendí que la ruta 8 es la nueva B1. Qué alivio, al final llegué a la estación Cardio Infantil, y en un bicitaxi con otras dos muchachas mojadas llegué hasta la entrada.

En la entrada todo fue super rápido. La recepcionista escaneó mi código QR, me entregó un folleto del evento y una calcomanía con mi nombre, que debí pegar en mi ropa.

El espacio me pareció muy interesante, tanto el edificio con el escenario como el kiosko con empanadas y los baños estaban hechos en el mismo estilo de contenedores en un ferrocarril, y teniendo en cuenta mi amor por trenes, me sentí genial entre esas cajas metálicas. No tuve tiempo para imaginarme como maquinista de una locomotora, porque me encontré con mis amigos y tuvimos que hacer una fila para entrar al «vagón» donde estaba el escenario.

A pesar de que la fila era bastante larga y estábamos casi al final de ella, logramos sentarnos muy cerca al escenario. Primero nos dijeron que todo empezaba a la 1:40, pero al final el evento se demoró mucho más a inicial. Mientras tanto, en una pantalla grande nos mostraban letras de alfabeto latino con una palabra asociada a cada letra. Por ejemplo, «C» de «conversar», «I» de «iguales», «L» de «libertad», «E» de «empoderar» y «Z» de… «zapatos» (se supone que es de «ponerse en los zapatos de otras personas» ¯(ツ)/¯ ).

Luego salieron tres muchachos jóvenes junto con una muchacha, que después llenaban las pausas entre las charlas diciendo estupideces y comportándose como idiotas.

Ellos presentaron a la primera conferencista, que fue Mónica Giraldo. Ella tocaba guitarra y cantaba con su voz muy bonita.

La siguiente fue Juana Ruiz, miembro de la Asociación para la Vida Digna y Solidaria (Asvidas), que contó una historia de 245 familias desplazadas de su vereda y cómo ella junto con otras mujeres empezó el emprendimiento del tejido con el fin de «superar el trauma y aumentar la resiliencia».

Después salió Rose Marie Saab, presidenta de una empresa llamada Independence. De verdad, me pareció muy aburrida su charla. Básicamente ella nos contó de que su familia es de origen libanés, bastante acomodada, que ella una vez tuvo depresión, que viajó a Líbano, que luego volvió a Colombia, porque se siente colombiana, superó su depresión y ahora es presidenta de la empresa fundada por su papá. Ok, bien por ella.

La siguiente charla era mucho más interesante. Era de una muchacha boyacense, Ginna Jiménez, que contó sobre su proyecto llamado Comproagro. Es una aplicación que sirve para conectar a los campesinos directamente con los compradores y así vender sus productos sin intermediarios.

Después de un ridículo «rap de patrocinadores», salió Eliana Aponte, una fotógrafa, que contó cómo un día quiso ser fotógrafa en un periódico, entonces habló con la directora de El Tiempo de esa época y la contrataron. Trabajó un tiempo allá, aprendió mucho y le dijeron que tenía que renunciar. Entonces ella renunció, salió de la oficina con una caja llena de sus cosas y lloró de tristeza. Luego ella llamó al jefe de la Revista Semana y la contrataron allá. Qué vida tan dura. Luego viajó por varias países, estuvo haciendo reportajes desde Guatemala, Irán, Cuba y al fin conoció a su esposo, se casó y ahora es la luz de su vida. No sé para qué nos sirvió saber todo eso.

En ese momento mis pies mojados la se congelaron, entonces tuve que romper la bolsa plástica que llevaba en dos pedazos, envolver mis pies en cada uno de ellos y volver a ponerme los zapatos. Como mis pies ya no se contactaban con la tela mojada y el plástico no dejaba perder el calor, pude seguir disfrutando el evento. Espero que mis vecinos no se dieran cuenta de todas esas maniobras.

Luego siguió una charla genial de Luis Miguel Bermúdez. Su presentación se llamaba «Economía del Sexo» y tocó unos temas muy importantes, como los estereotipos de género y qué consecuencias tienen. Hablando de la «demanda», Luis Miguel contó sobre los muchachos jóvenes de los que se espera que correspondan a una imágen de un varón, que implica estar activamente interesado en las chicas, buscar su atención (a veces de forma agresiva) y constantemente demostrar que es un macho heterosexual. Por ejemplo, Luis Miguel dijo que los papás de esos muchachos esperan que ellos vayan a las fiestas en lugar de quedarse en casa jugando en el computador, porque están preocupados que su hijo sea gay. Incluso unos prefieren que sea ladrón o asesino pero no un «marica», y por eso a los muchachos los molestan por no tener novia, un atributo que demostrara su masculinidad. Pero por otro lado, el lado de la «oferta», que espera que muchachas no expresen su sexualidad, que deben proteger su virginidad.

La siguiente charla, en mi opinión, era la mejor de toda la conferencia. Era de Valeria Bonilla Ruiz, que contó sobre su experiencia al cambiar de género y convertirse en una mujer. Hubo una parte de su charla que me dejó pensativa. Valeria contaba, que cuando era hombre y apenas pensaba en hacer el cambio de sexo, soñaba con usar maquillaje, vestidos y tacones como una verdadera mujer. Pero ahora, después de su transformación, siente que también cayó víctima de esos estereotipos de la «feminidad», y que para una mujer trans es aún más duro, porque no puede salir a la calle sin maquillaje, porque la empiezan a mirar raro.

Después salió María José Ramírez que contó su historia de «tres montañas». La primera parte estuvo bien. Nos dijo que en uno de los momento difíciles de su vida, cuando su esposo falleció y María José se quedó con dos hijos, ella viajó a Perú por un asunto de negocios y decidió aprovechar esa oportunidad e ir a Machu Picchu. Estando allá, la invitaron a escalar una montaña cercana, ofrecimiento que ella aceptó y después durante 10 años lo contaba como la gran aventura de su vida. Sin embargo, cuando sus hijos crecieron y ellos tres volvieron a Perú a escalar la misma montaña, ya no le pareció nada especial. La montaña no había cambiado, sino que cambió María José. Después, ella contó de otras dos «montañas» suyas. La segunda era cuando le encontraron un tumor y dijeron que no tenía que esforzarse para que el tumor no creciera. Entonces alla contrató a psicoanalistas, compró cartas tarot, algunos cristales, pero el tumor igual creció y lo removieron de su cabeza exitosamente. La tercera montaña era la de aceptar que su su mamá de verdad la quería, para eso ella, en una sesión con su psicoanalista, tuvo que decir un mantra, que repitió también para nosotros. Su mamá y parece que sus psicoanalistas también estaban en el evento. María José dijo su mantra, la mitad de auditorio lloró de la emoción, y me quedé pensando en que todos esos idiotas van a votar en las elecciones presidenciales el año siguiente. ¿Deverdad la democracia es una buena idea? Qué susto.

La siguiente charla fue de Ricardo Rueda, que vino para contarnos que por un lado existen mujeres que quieren abortar y por el otro — unas que sueñan con tener hijos, pero no pueden. Y, por supuesto, él en la mitad, ganando plata en ambos casos en su Centro de Fertilidad. También nos contó dos hechos. Primero, que en ese momento, gracias a él, estaba naciendo en Holanda un futuro futbolista colombiano. Y el segundo, que no le gusta la palabra «feminismo», porque en su opinión, no es sobre la igualdad. Sin comentarios.

Después de presentó Lilian Simbaqueba, que declamó que es la mamá de «big data». Oookay. Ella nos contó cinco reglas de su vida: 1) priorizar, 2) ser sensible a los que le rodea a uno (no le gusta la palabra «tolerar», porque para ella eso significa «aguantar» — era como un club de expertos de la RAE), 3) integrar (compartir), 4) recibir, 5 ser sencillo (minimizar).

La última presentadora era Laura Ulloa, que contó de cómo las FARC la secuestraron cuando ella tenía 11 años. Nos dijo que durante los primeros meses de su reclusión odiaba a sus secuestradores, pero al fin superó el rechazo y logró hacer contacto con ellos. Cuando la liberaron a sus 12 años y unos periodistas le preguntaron qué pensaba ella de esos criminales que la secuestraron, ella comentó que a pesar de todo la trataban bien y puede llamarlos amigos. Después de esa entrevista, sus compañeros empezaron a burlarse de ella, llamándola la amiga de las FARC, y por eso Laura por muchos años dejó de contar su historia al público. Pero cuando ella creció creció y empezó a trabajar, la contactó un periodista, que quiso entrevistarla para preguntar sobre lo que siente ahora y si perdonó a la gente que la tenía secuestrada. Entonces ella empezó a reflexionar y le pidió a su novio que le comprara muchos libros sobre el perdón, de los cuales sacó unas conclusiones.

Para concluir:

A pesar de que unas charlas del evento me parecieron estupendas, en general ese TEDx se parecía mucho al club de superación personal.

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