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Asya Kazantseva sobre la competencia política

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Asya Kazantseva:

«En los años 60 el psicólogo Martin Seligman realizó una serie de experimentos durante los cuales él describió un estado llamado la indefensión aprendida. Él trabajaba con dos grupos de animales. El primer estaba compuesto por los perros normales, sanos y sin traumas. En segundo grupo estaba formado por perros que Seligman molestaba mucho: los ponía en condiciones en las cuales ellos no podían salir de la estación experimental y les daba unas cargas eléctricas. Después ambos grupos fueron sometidos a unas pruebas. Los ponían detrás de una reja no tan alta y por el piso donde ellos estaban sentados pasaba la corriente. Los animales sanos en el 94% de los casos aprendieron muy rápido cómo deshacerse de esa carga. Ellos simplemente saltaron sobre la reja y obtuvieron la libertad. Pero los perros que ya tenían la experiencia de fracaso - la experiencia de que les daban una carga eléctrica y ellos no podían reaccionar - en los dos tercios de los casos no hicieron nada. Ellos no intentaron salvarse, sino que simplemente se acostaron en el piso y gañían.

Luego, los seguidores de Seligman hicieron experimentos similares con otros animales, incluyendo personas. Ellos demostraron que para que la gente llegue al estado de la indefensión aprendida no hace falta darles unas cargas eléctricas, es suficiente con darles un rompecabezas imposible y después de unas horas o incluso durante unos minutos tratando de resolverlo, ellos se dan por vencidos con facilidad incluso cuando les ofrecen tareas sencillas y posibles de resolver.

Los experimentos de lograr la indefensión aprendida son conocidos por los jefes de las campañas políticas, y muchos métodos políticos contemporáneos apuntan a cultivar la indefensión aprendida tanto en el electorado como en los oponentes, con el propósito de darle a la gente la impresión de que no es posible cambiar nada, y entonces no tiene sentido pelear, y entonces no tiene sentido ni siquiera intentarlo.

Cuando Putin llegó al poder yo [Asya Kazantseva] tenía 13 años. Ahora tengo 31. Durante todo ese tiempo yo nunca he visto ninguna competencia política en este país [en Rusia]. Yo no recuerdo ningún elección presidencial durante la cual no fuera claro quién iba a ser presidente, así como lo muestran las películas o los programas de televisión estadounidenses, cuando hay dos posibles candidatos apareciendo en el mismo canal federal y teniendo una discusión equitativa.

En nuestro caso los candidatos presidenciales, aparte de Putin, nunca aparecen en la televisión. E incluso si ellos de alguna manera aprenden a trabajar con su auditorio por algún otro medio, por ejemplo, por internet, ellos encuentran muchos obstáculos: sus manifestaciones son dispersadas, sus oficinas son saqueadas, meten a su hermano en la cárcel por tres años.

En general, todo eso se realiza, probablemente, para provocar en todos nosotros esa indefensión aprendida para que nosotros dejemos de escandalizarnos por lo que está pasando en el país, por las contrasanciones, gracias a las cuales desapareció el queso en Rusia, porque logramos a pelearnos con nuestros vecinos por medio de una guerra ridícula e injusta, porque los estadounidenses no pueden adoptar a niños rusos, porque nos sometemos con que todo siempre va a ser sólo peor y ojalá no salga demasiado mal, porque Putin es nuestro presidente para siempre, y que es imposible salir de la reja. »

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