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Té Kusmi

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En Rusia el té se conoce desde el año 1567, cuando los atamanes cosacos Petrov y Yarishev describieron las costumbres chinas de tomar té.

La mujer del mercader («Купчиха за чаем»), de Boris Kustodiev, 1918. El cuadro muestra a una señora de la nobleza rusa tomando el té.

Unas fuentes dicen, que ya en el año 1618 unos embajadores chinos le regalaron al zar Mijaíl Fiódorovich Románov unas cajas de té. Igual que en Francia, en Rusia al principio el té se tamaba con el propósito medicinal, pero muy pronto lo empezaron a tomar por placer.

По воспоминаниям приближенных, император Александр I ежедневно с утра «кушал чай, всегда зеленый, с густыми сливками и поджаренными гренками и белым хлебом».

Consumo de té en Mytishchi. (Чаепитие в Мытищах, близ Москвы) Vasily Perov, 1862.

Así ya a mitad del siglo XVII en Rusia se podía comprar decenas de variedades de té, y se firmó con contrato con China acerca de los suministros de té. El té llegaba directamente a Moscú por tierra. La importación de té crecía bastante y se duplicaba cada dos años. Era un comercio de intercambio: el té de China se cambiaba por productos de metal, telas y pieles generalmente de la marta cibelina, que era una divisa universal de esa época.

El precio del té en Rusia era muy alto, sobre todo porque lo llevaban desde China a caballo. Se tardaban medio año para llegar desde la frontera con China hasta Moscú, lo que es más o menos 11000 km. El precio se redujo bastante en la década de los 1880, cuando empezó a funcionar el ferrocarril entre Samara y Ufa y otro entre Ekaterinburgo y Tumen.

Over a Cup of Tea. («За чаепитием») A.I. Morozov (1835–1904)

¿Han visto una tienda KUSMI Tea en Bogotá? Está ubicada en el primer piso del centro comercial Santa Ana en Usaquén (en la tienda ALMA Sabores y Placeres). Déjenme presentarles: es un té ruso que Pavel Michailovich Kousmichoff (Павел Михайлович Кузьмичёв) llevó a Francia.

Kousmichoff fundó su empresa en el año 1867 que muy pronto tuvo éxito en la corte real rusa. Kousmichoff compraba té en China y hacía las mezclas aromáticas con claveles y cáscara de los cítricos. Sin ese té no se preparaba ningún banquete en Rusia. En la víspera de la fiesta, dedicada al 900o aniversario de ascensión al trono del principe Vladimir, a la casa de té le entregaron crear una receta especial de té. Así nació el té llamado “Principe Vladimir” - la variedad más reconocida de la marca KUSMI.

A los finales del siglo XIX Kousmichoff abrió más de 11 tiendas y la fama de sus tés llegó hasta Europa. EN 1907 él envió a su hijo Vyacheslav a Londres para abrir una sede allá. Sin embargo a los quisquillosos ingleses primero no les gustaron las mezclas de té rusas. Entonces tuvo que inventar otras, usando las especias que llegaban por la ruta de la seda desde China y Asia Central. Así, gracias a los esfuerzos del padre y el hijo, aparecieron los tés “Windsor” y “Victoria”.

En 1917 la familia Kousmichoff huyó de la revolución rusa y se mudó a Paris. Allá, en la Avenue Niel cerca al Arco de Triunfo, abrieron su primera tienda francesa. El té KUSMI tuvo mucho éxito entre los inmigrantes rusos, y pronto se abrieron nuevas tiendas en Berlín, Constantinopla y Nueva York.

Después de la Segunda Guerra Mundial la demanda de té KUSMI bajó mucho, en parte por la crísis económica y en parte porque Kousmichoff no quería empezar la producción masiva del té y quiso mantenerlo como un producto exclusivo. La empresa KUSMI estaba al borde de la crísis.

La situación cambió de forma radical en los años 200 cuando los emprendedores Sylvain Orebi y su hermano Claude compraron la marca KUSMI. Ellos se inspiraron en la idea de crear una marca reconocidas a nivel mundial de té. Los hermanos revisaron una por una las recetas de Kousmichoff y escogieron los mejores (en su opinión) sabores y empezaron las campañas de mercadeo. También ellos agregaron a la colección muchos tés verdes y de jasmín. Los Orebi se enfocaron mucho en las mujeres como sus clientes y sacaron una línea de tés “saludables”, los empacaron en cajitas bonitas de colores vivos y el negocio prosperó.

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