Cansada de ser feliz

Bienvenidos a mi flujo de conciencia

«Vete de aquí, niña»: cómo vivir cuando te ves más joven de lo que eres

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Traducción del articulo de la revista Wonderzine escrito por Dasha Tatarkova.

Hace más o menos un mes escribí en mi twitter, que año tras año me parezco menos a un adulto convencional. Casi no me maquillo, llevo un morral, overol y sombrero de tela, y a menudo no llevo sostén. Tengo veintisiete años, pero incluso los doctores a veces piensan que tengo diecisiete como mucho. El hecho de que me vea más joven de que lo soy, no me molesta – es el resultado de opciones deliberadas. Y si eso me llegara a molestar, cambiaría mi personalidad para ajustarme a los estándares de la sociedad. Me molesta otra cosa: cuando la gente decide que soy todavía una muchacha adolescente, me trate con condescendencia, y a veces incluso de forma grosera. Paradójicamente, así se comportan incluso los profesionales, como los médicos. En nuestra sociedad poseída por el culto a la juventud, precisamente la juventud se vuelve el delito fundamental.

En nuestra sociedad poseída por el culto a la juventud, precisamente la juventud se vuelve el delito fundamental.

Desde cada anuncio publicitario, a las mujeres las inducen a ocultar su edad. A Andie McDowell, que hace publicidad de la crema antiarrugas, le retocan la cara hasta tal punto que se ve más realista su copia del museo Madame Tussaud. Al mismo tiempo, las muchachas de edad indefinida, que está gritando: “JUVENTUD”, nos venden cualquier basura. La juventud es un negocio multimillonario, donde todos le sacan tajada: la industria de la belleza con sus productos milagrosos y los suplementos dietéticos, cirugía plástica con sus procedimientos costosos, y la moda, después de todo. Nos venden la ropa nos hace parecer más jovenes, así como las modelos que la presentan. Al igual que las máscaras milagrosas para tu cara. “Come también esos panes integrales con un té saludable.”

Al mismo tiempo en la conciencia de las masas, la juventud sigue asociándose si no con la estupidéz, al menos con la ingenuidad. Y los estereotipos numerosos sólo apoyan eso. Las chicas jóvenes deben ser tontas y estar de acuerdo en todo con los hombres. “¡Jóvenes!” - y suspirar… - “Cuando hayas crecido un poco lo vas a entender.” Como se dice: “Si jeunesse savait, si vieillesse ponsait” (“si la juventud supiera y la vejaz pudiera”). La gente piensa que si alguien es joven, entonces no tiene experiencia, e incluso no puede razonar de forma lógica. Aunque ambas cosas no necesariamente vienen con los años. Ambos son el resultado de los esfuerzos conscientes. Algunas personas, después de vivir medio siglo, todavía no pueden deshacerse del infantilismo, mientras algunos adolescentes crean empresas exitosas. Tal vez, el odio recíproco se desencadena, y los que ya parecen estar mucho más allá su edad “ideal”, tratan con la ferocidad a aquellos que todavía “caen en la corriente”.

Todo el sistema estaba basado en el principio de la obediencia y de la antigüedad: encima de ti siempre había alguien, que tenía razón, simplemente por tener un rango superior.

En Rusia, como en muchas sociedades conservadoras, hace mucho se estableció una regla “obedece a los mayores”. Una persona ha pasado por diferentes etapas de la evolución: octubrista se convirtía en un pionero, que luego se convirtía en miembro del Komsomol, y luego se unía al partido. Todo el sistema estaba basado en el principio de la obediencia y de la antigüedad: encima de ti siempre había alguien, que tenía razón, simplemente por tener un rango superior. Ese principio todavía está vivo: el lugar de un poder vertical llegó el sistema “colegio-universidad-trabajo”, que también sobreentendía la autoridad sobre el junior, y sin pasar todas esas etapas no puedes convertirte en un miembro “oficial” de la sociedad y ser un adulto “de verdad”. Se sobreentiende que sólo con la experiencia universal se puede ganar el respeto de los demás.

La Unión Soviética se cayó, pero ese principio humillante todavía está con nosotros. ¿Cuántas veces han escuchado el despectivo “niña”, o “cuando crezcas, entenderás”, o “¡no lo pienses!” Yo lo enfrento constantemente. Tengo 27 años: para un adolescente soy una persona con experiencia, para mis padres - todavía una niña, pero por alguna razón todos olvidan que en primer lugar soy una persona, una persona con mis experiencias personales y con mis tonterías. Soy un “individuo único”, como lo solíamos decir en los estudios de las ciencias sociales. Aunque, todavía no me están tomando en cuenta sólo porque no parezco a un adulto “de verdad”, olvidando que no soy igual al conjunto de mis características físicas y merezco respeto, independientemente de ellos.

Cualquieres estereotipos son perjudiciales, porque niegan la diversidad del mundo y por lo tanto nos privan de la empatía. ¿Qué usted ve cuando me está mirando? Sus propias ideas sobre el mundo. Nadie puede comprender verdaderamente a un extraño, y para eso usamos estereotipos que simplifican nuestro pensamiento y ayudan hacer conclusiones más rápido. Sin embargo, esto es sólo una herramienta y, como cualquier otra herramienta, tiene que ser utilizada con prudencia, sin sustituir todo el complejo proceso de la comprensión. Cuando, mirando a una persona extraña, vemos un conjunto de estereotipos en lugar de ver a un ser humano, nos privamos de sentir algo por los demás. Todos nosotros es mucho más que una colección de nuestras propiedades, somos unas personas más complejas y multifacéticas.

Mi pelea con los estereotipos empezó incluso antes de mi nacimiento. Parezco mucho a mi mamá, y ella enfrentaba las mismas problemas hace 30 años. Su amiga de la misma edad que ella, no la invitó a su boda, diciendo que mi mamá todavía era “una niña” por tener la nariz chata chistosa. Después de que nací, cuando ibamos al médico, no querían que yo era su hija, en mejor de los casos, pensaban que yo era su hermana menor. En el colegio yo siempre estaba de últimas en la fila de las clases de cultura física (¿para qué nos ordenaban según nuestra altura?), siempre escuchaba chistes acerca de mi apariencia, y después - los comentarios de algunos hombres acerca de mi figura “incorrecta”. Es sintomático y sucede constantemente. Es especialmente difícil enfrentar el mundo de los burócratas en Rusia: desde los ministerios hasta los hospitales. Allá todos se ponen groseros conmigo: las personas que esperan su turno y la gente que me atiende. Pero, cuando se dan cuenta de cuántos años tengo en realidad, caen en una confusión - una buena ilustración de “las expectativas y la realidad”. Y eso es aún más insultante: ¿por qué no merezco que me hablen con un tono de voz tranquilo y respetuoso si tengo N años menos de lo que ustedes han pensado?

Y no estoy sóla con mi problema. Mientras la mitad del mundo quiere estar en los zapatos de Benjamin Button, los demás sueñan con cosas competamente diferentes. La gente tiene problemas para encontrar trabajo, estableces relaciones (y no sólo románticas) con la gente de su edad y ganar respeto, sólo porque su apariencia no corresponde a los estandares predeterminados. En parte, la actudud hacía los jóvenes es una historía de violencia. No es sólo la violencia poco visible de los comentarios sarcásticos y comentarios burlones, pero también la violencia física. ¿Con qué frecuencia los padres se ven gritando a sus niños pequeños y amenazándolos? Desafortunadamente, todavía no tenemos la cultura de culpar a los padres que usan la violencia física con sus niños, pero todavía está viva la cultura de los castigos. No me molesta que no me vean cómo la sociedad está esperando ver a una mujer de 30 años de edad: mi aspecto - que es el resultado de la biología, que no tengo ganas de cambiar, y de mi elección, lo cual hago de acuerdo a mis preferencias. Lo que me molesta es que en nuestra cultura sigue siendo normal de ser grosero con los niños y, de forma automática, con todos los que se les parezcan. Ni los niños ni los adultos merecen ese trato - ambos son dignos de respeto, simplemente porque están ahí.

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