Cansada de ser feliz

Bienvenidos a mi flujo de conciencia

Ascensores

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Mi historia con los ascensores comenzó cuando yo era muy pequeña y todavía estaba en el jardín. Tenía una cabra amarilla hecha de plástico, que tenía ruedas en lugar de patas. Entonces le llevaba por todos los lados con una cuerda. La cabra era hueca y sus cachos negros se atornillaban en su cabeza.

Un día, cuando me devolvía a la casa después de un paseo, en el momento en el que estábamos franqueando las puertas del ascensor, el cacho se me cayó al hueco. No me di cuenta cuándo pasó esto (o simplemente ya no lo recuerdo), me lo contaron después. Pero hasta ahora para mi ese accidente está envuelto en un misterio: pasaron las horas y horas y yo estaba imaginando qué hubiera podido pasar con el caco perdido y cómo se enredó su destino.

A partir de ese momento empecé a ver las pesadillas sobre el ascensor de mi edificio. Soñaba que me perseguían unos hombres y trataba de escaparme de ellos corriendo por las escaleras. Cuando llegaba al primer piso, me daba cuenta que uno de ellos se me había adelantado en el ascensor y me estaba esperando allá. Entonces seguía bajándome hasta el sótano (que en realidad no existía en la casa) y llegaba a un cuarto oscuro y lleno de polvo. En una pared se veía un hueco. Me acerqué al hueco y - ¡qué horrores! - vi que era el pozo de ascensor. Uno podía ver cómo se movían los cables llevando el contrapeso. Ese hueco era muy oscuro con un bombillo amarillo marcando cada piso. Y debajo, cubierto del polvo, estaba el cacho de mi cabra… En ese momento me desperté con sudor frío.

Tuve otra experiencia con un ascensor cuando fuimos a una casa vieja en el centro de Moscú. En esa casa había un ascensor muy antiguo (creo que de los primeros), que era instalado al redor de escaleras. El ascensor se movía en un pozo hecho de una red metálica, por eso se veía completamente el mecanismo, y cuando llegaba al piso, uno tuvo tenía que abrir manualmente dos puertas: una del pozo y la otra del ascensor. Me asusté mucho al ver todo el mecanismo de la forma tan transparente, y no puede creer que los cables tan delgados pueden sostener una cabina tan pesada.

Después empecé a ver unas pesadillas de otro tipo: estaba llamando al ascensor y cundo llegaba y se abrían las puertas, me daba cuenta que por dentro no habían ni el piso, ni las paredes. Llegaba un marco de metal, sólo con una tabla de madera al fondo para poder quedarse.

Entonces mi relación con los ascensores empezó con pesadillas, pero las películas gringas cambiaron todo. EN ellas mostraban un ascensor como la parte de una aventura: los protagonistas se metían al pozo, o hacían un hueco en el techo de la cabina para escaparse con los diamantes robados. El hueco del ascensor se convirtió en una ruta de escape para los aventureros que roban los bancos o museos.

Ahora me encanta montar en los ascensores. Me gusta oprimir el botón y sentir el poder que ejersco sobre la máquina. O montar en un ascensor con las paredes de vidrio.

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